jueves, junio 17, 2004

Eleven bien alto la viga del tejado, carpinteros

Luego de una experiencia galvanizante en la bodeguita de los medicamentos se sentó de piernas cruzadas sobre el alféizar. Se puso a pintarse las uñas color buganvilla. El teléfono empezó a molestar como un bebé gritón. No iba a levantar el tubo hasta que se le secaran las de la mano derecha. Era una chica femenina y delgaducha, que años atrás había rechazado el premio de primera princesa en la elección de Miss Perú.

Se comportaba como si el teléfono hubiera estado sonando constantemente desde que alcanzó la pubertad. Tampoco era raro que rompiera cartas sin abrirlas o que abriera la puerta sin preguntar quien es.

- Hola- .
- ¡Qué milagrazo! Al fin te encuentro..¿con quién estabas?
- No los conté..¿que te pasa?
- Nada, que estoy con "libidine di satiro"
- Bueno pero hoy no puedo salir
- ¿Y para qué te pintas las uñas? ¿Para darle de comer a la tortuga? Si no salimos hoy te mato..

Ah, a mi con amenazas no. No contesta. No sabe tampoco que el halo luminoso de su pelo se pavonea en la mira telescópica de un rifle para matar elefantes.

- ¿Cómo me vas a matar?
- Asi..

Entonces entró una bala silbando por la ventana que fue a parar a un espejo con caracolas, un poco falto de simetría. La chica pegó un alarido y se tiró cuerpo a tierra, luciendo en la pinotea como un maniquí fuera de temporada.

- ¡¡Basta!!
- Está bien, no sé si me quedan más balas
- ¿Qué querés que me ponga?
- ¿Tenés para anotar?

Y la primera princesa estuvo un buen rato anotando detalles y requisitos.

Puntual, lo esperó en el asiento de atrás de un auto. Pero "Libídine di satiro" no apareció. Se volvió a su casa a la hora y se quedó dormida viendo una película en el canal Hallmark.

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